En agradecimiento a todo lo que me enseño mi abuela Elena hasta sus 98 años,

Con mucho cariño subo lo siguiente que escribió mi tía Elita (Tuta)

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Algunos de sus recuerdos de infancia eran:

 

-Haber sido “cedida” a una familia extraña, siendo una niñita de 5 años.

Un duro banco de cemento, en el que dormía sus noches, y miles de estrellitas que surgían al apretar sus ojos para no ver la oscuridad.

-Gritos, malos tratos.

-En ocasiones , pequeñas escapadas a un cine de barrio, con películas mudas,  pero con un piano del que arrancaban melodías, y que ella soñaba tocar mientras deslizaba sus dedos por la mesa.

 

-Con un precario libro “Upa” aprendió las letras del alfabeto, y así pudo leer y más tarde escribir.

 

Tenía rebeldías, y varios años después, cuando pudo hacerse oír, exigió volver con su madre.

Siguieron años de trabajo duro, pero con esa magia que la vida tiene, logró erigirse sobre todos sus pesares.

 

Formó una familia, puso todo su énfasis para que, como ella decía, sus hijas tuvieran una vida distinta, y fue ejemplo de templanza, de fortaleza, de sabiduría.

 

Nunca le faltó la palabra profunda y oportuna para sus hijas, nietos, bisnietos y el resto de las personas que estuvieron a su lado.

 

Jamás se la vió desfallecer, siempre tuvo espíritu de lucha para todos los contratiempos.

Pero además tuvo alegría para compartir, amor para dar, inteligencia para evolucionar.

 

No le faltaba mucho para los 100 años cuando viajó directo a unirse con Dios, y las palabras de algunos de sus nietos fueron; ¡Quién me va a aconsejar ahora como ella?

 

Siento que esta es una descripción muy precaria, con toda la limitación de las palabras para transmitir la grandeza de un alma humana. Solo un pequeño esbozo del retrato de mi madre.

 

 

Eli Laborde

1988

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